50 anos de Rayuela

Foi há 50 anos, no dia 28 de Junho de 1963, que Rayuela, de Julio Cortázar, chegou às livrarias de Espanha e da Argentina com a chancela Sudamericana.

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Sobre a capa com o ‘jogo da macaca’ que deu título ao livro, leia-se o artigo de Carlos Daniel Aletto para a agência noticiosa Télam, aqui, onde se inclui este excerto de uma carta de Cortázar a Francisco Porrúa, seu editor:

“Y AHORA VAMOS A PONERLE LA TAPA AL LIBRO. ¿Conque estudiando la cosa con Esteban y, por un breve minuto, creyendo que la rayuela quedaría mejor de pie? Enormes cronopios, yo también empecé por ahí y la tuve parada un rato largo hasta que se le cansó la Tierra a la pobre. No, che, yo creo que así no va. No va, como vos lo has visto muy bien, porque esa tapa tiene su segunda, y a mí me gustaría que, de ser posible, la tuviera sin vueltas. Vos te sospechás un significado mufoso en el Cielo atrás del libro, y es cierto, pero todavía más que eso. Muy rápidamente explicado, imagináte que acabás de comprar, haciendo un loable sacrificio, un ejemplar de Rayuela, y que sin perder un instante te has sumido en su lectura. Si sos un hombre normal, sostendrás el libro con la mano izquierda, mientras la derecha se ocupa de dar vuelta las páginas, ir y venir con la pipa, alternándola con los tragos de caña Mariposa que te habrá servido tu mujer, y de cuando en cuando hacer una ademán de admiración que agita el aire de la estancia. Bueno, quedamos en que tu mano izquierda sostiene el libro. Parte de la palma y la raíz de los dedos se apoyan en la carátula, es decir en la Tierra. Pero la parte más espiritual de tu mano, la punta de los dedos, la sed y la ansiedad que viven en la punta de tus dedos, buscan del otro lado el Cielo, tal vez alcanzan a rozarlo, a entrar por un momento en él. ¿Sentís la cosa? Tu mano también lee el libro, con esa visión extrarretiniana de que hablan los hombres sabios, y que en realidad es otra tentativa de aprehender lo que, dentro del libro, buscan tus ojos. ¿Simbología fácil? Puede ser. Pero yo he sido siempre sensible a las tapas de los libros, y a veces he descubierto en ellas cosas extrañamente asociadas al texto, siempre que las ediciones no fueran de Santiago Rueda. Bromas aparte, creo que mis sinrazones se entienden bastante bien… O sea que, en la medida de lo posible, yo me planto en la idea de la rayuela acostada, y libramos los dos la batalla. Espero poder mandarte la maqueta lo antes posible; ahora mismo le rajo un úkase a Silva, que se me ha quedado de lo más silente en París.”

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